El Banco Mundial ha revisado su pronóstico de crecimiento para Argentina a un cuatro por ciento este año, en comparación con el 4.6 por ciento proyectado anteriormente para 2025. La previsión se deriva del informe “Perspectivas Económicas Globales” del Banco Mundial, que también anticipa una tasa de crecimiento del cuatro por ciento para 2027. El Banco Mundial delineó los factores que contribuyen a la desaceleración anticipada, afirmando que “la incertidumbre política interna hacia finales del año pasado provocó episodios de presión cambiaria, causando aumentos en las tasas de interés que afectarán la demanda interna y el crecimiento de este año, según las expectativas del mercado.”
Observó que “el apoyo de los Estados Unidos, incluida la provisión de un acuerdo de intercambio de divisas, ayudó a estabilizar las condiciones financieras.” Se afirmó en el informe que “La transición a bandas cambiarias en abril de 2025 aumentará la flexibilidad del tipo de cambio, potenciando su papel como amortiguador de choques.” A pesar de la previsión de avance más lento, el informe regional del Banco Mundial indica que Argentina se encuentra entre los tres principales países que experimentan crecimiento en la región este año, solo detrás de Panamá con un 4.1 por ciento y la República Dominicana con un 4.5 por ciento.
El Banco Mundial indicó que la economía global “está demostrando más resiliencia de lo previsto, a pesar de las persistentes tensiones comerciales y la incertidumbre política.” El Banco proyecta que el crecimiento global mantendrá la estabilidad durante los próximos dos años, experimentando una leve disminución al 2.6 por ciento en 2026, seguida de un repunte al 2.7 por ciento el año siguiente. “Con cada año que pasa, la economía global demuestra una capacidad de crecimiento disminuida y aparentemente una mayor resiliencia en medio de la incertidumbre política,” afirmó Indermit Gill.
No obstante, advirtió: “El dinamismo y la resiliencia económica no pueden persistir indefinidamente a lo largo de trayectorias divergentes sin poner en peligro los mercados de crédito y las finanzas públicas,” sugiriendo que “en los próximos años, la economía global se expandirá a un ritmo más moderado que durante la tumultuosa década de 1990, mientras sostiene niveles sin precedentes de deuda pública y privada.” Concluyó el economista: “Para evitar la estancación y el desempleo, los gobiernos de las economías emergentes y avanzadas deben liberar enérgicamente la inversión privada y el comercio, contener el gasto público e invertir en nuevas tecnologías y educación.”

