El 2 de enero de 2026, se divulgó, anunció y promulgó un decreto de emergencia conocido como Decreto de Necesidad y Urgencia para enmendar el sistema de inteligencia de Argentina. La medida fue precedida por alteraciones significativas en la Secretaría de Inteligencia de Estado a medida que la administración del presidente Javier Milei se acerca a su punto medio. Desde la restauración de la democracia en 1983, ningún Presidente ha cambiado la identidad de su jefe de inteligencia con más frecuencia que Milei, quien asumió el cargo hace apenas dos años. Tres personas han ocupado el cargo: Silvestre Sívori, seguido por Sergio Neiffert, y actualmente, Cristian Auguadra se desempeña como el jefe. Milei incluso ha renovado la imagen de la organización, cambiando su nombre de la Agencia Federal de Inteligencia a SIDE.
Poco después de asumir el cargo, Auguadra inició una nueva Política Nacional de Inteligencia, un documento publicado a principios de diciembre que delineaba las directrices políticas de la SIDE mientras transita hacia una nueva fase. A la luz de ese escenario, el decreto enfatiza la necesidad de una mayor colaboración con las entidades estatales, un intercambio de información más fluido, una capacidad de respuesta incrementada y un marco para la coordinación institucional continua. Afirmar que la SIDE debe tomar medidas rápidas en circunstancias, particularmente en la lucha contra el terrorismo, y amplía la autoridad de la agencia para responder en investigaciones. Simultáneamente, un aspecto clave del decreto es la introducción del concepto de “aprehensión”, que otorga a la SIDE la facultad de detener a individuos en el acto. Históricamente, a la organización se le ha prohibido realizar arrestos, limitando así su papel a la generación y producción de información para el análisis de inteligencia, en colaboración con las fuerzas de seguridad y agentes, incluidos los de la Policía Federal, la Guardia Fronteriza o la Guardia Costera, para fines operativos.
La modificación de ese esquema y la autorización de arrestos por parte de agentes de la SIDE ha sido objeto de escrutinio y condena por parte de la oposición política. Para ellos, introduce modificaciones al sistema y proceso penal, ya que el Código Penal estipula que solo las fuerzas de seguridad están autorizadas para realizar arrestos. Ese argumento sostiene que una enmienda de tal magnitud requiere una legislación integral en lugar de un mero decreto, un asunto que actualmente está sujeto a revisión judicial. El decreto de Milei ha reavivado las preocupaciones sobre un posible abuso de poder por parte de los servicios de inteligencia. El decreto indica fundamentalmente que la SIDE ya no operará de manera aislada y reactiva. Hasta este punto, al abordar un escenario específico, ha buscado información de diversas entidades estatales, frecuentemente a través de canales judiciales.
El decreto DNU establece dos nuevas entidades: la Comunidad de Inteligencia Nacional y la Comunidad Informativa Nacional. La primera comprende las agencias de inteligencia del gobierno, incluyendo la Agencia de Contrainteligencia Nacional, encargada de investigar cuestiones relacionadas con la seguridad nacional, las protestas y conflictos sociales, la seguridad nacional y el espionaje extranjero. Además, Asuntos Internos colabora con embajadas y servicios de inteligencia extranjeros como la CIA o el Mossad, mientras que el ámbito de la Ciberinteligencia ha asumido el control de la anterior unidad de Ciberseguridad, que ahora está bajo la jurisdicción de la Jefatura de Gabinete. Los departamentos de inteligencia del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea son complementados por la Policía Federal, las Guardias Fronterizas y de Costas, la policía aeroportuaria PSA, el Servicio Penitenciario y la unidad UIF encargada de monitorear actividades de lavado de dinero. Todo lo anterior debe proporcionar información de manera proactiva, enfocando el flujo de información en una comunidad que impulse a la SIDE. Simultáneamente, la Comunidad Informativa Nacional amplía su alcance aún más al integrar entidades civiles como la agencia de Ingresos y Aduanas de ARCA, el Departamento de Inmigración, el Ministerio del Interior, el Ministerio de Economía, el Registro Nacional de Personas, la autoridad espacial CONAE, la autoridad de registro de armas y la autoridad nuclear. El decreto además permite el establecimiento de acuerdos con los gobiernos regionales para incorporar fuerzas policiales provinciales.
La reorganización mejora el sistema de inteligencia a una magnitud sin precedentes en la historia argentina, reflejando una concentración de información acorde con las tendencias globales. El modelo presenta paralelismos con el marco de inteligencia británico, mientras que el sistema en los Estados Unidos se caracteriza por una estructura más compartimentada. En esa nación, la CIA tiene permitido ejecutar arrestos únicamente en colaboración con las autoridades locales mientras opera más allá de sus fronteras, sujeto a un estricto control del Congreso. En Argentina, esta supervisión se limita a la Comisión Bicameral de Inteligencia y se aplica únicamente a la SIDE. La reciente operación de EE. UU. en Venezuela, caracterizada por la participación crucial de los servicios de inteligencia en la captura de Nicolás Maduro, establece paralelismos con precedentes históricos asociados con Argentina. Estos últimos representan casos de individuos secuestrados en el extranjero, menos dramáticos pero análogos en su razonamiento operativo. Sin duda, uno de los casos más significativos se remonta a la década de 1990 y presenta a José Manuel Pico, el ex presidente del Concejo Deliberante de Buenos Aires. Antes de la reforma constitucional en Argentina en 1996, se enfrentó a un caso de fraude que afectó a cientos de personas, con estimaciones que oscilan entre 300 y más de 500. A medida que avanzaba la investigación judicial, Pico se fugó a Brasil. En ese momento, la ausencia de un tratado de extradición entre los dos países le permitió cruzar la frontera en Clorinda y establecerse en Porto Alegre. La situación evolucionó hacia un desafío político y judicial significativo para Argentina, atribuido no solo a la ausencia de marcos legales que facilitaran su regreso, sino también a las sospechas sobre la complicidad de la policía y las agencias de inteligencia.
Se ha informado también sobre la implicación de Raúl Guglielminetti, asociado con la llamada “banda de inspectores de policía”, junto con unidades de inteligencia del Ejército que supuestamente ayudaron en la fabricación de documentación que facilitó su fuga. La situación se intensificó cuando el ex presidente Carlos Menem solicitó que la SIDE fuera puesta bajo administración fiduciaria. En ese momento, el caso estaba bajo la jurisdicción de la Policía Federal; la agencia de inteligencia estaba dirigida por el espía Antonio ‘Jaime’ Stiuso, quien desempeñaba un papel claramente operativo. Pico continuó ubicado en Porto Alegre. La SIDE posteriormente llevó a cabo una operación encubierta en territorio brasileño, ingresando sin autorización, aprehendiendo al político y transportándolo de regreso a Argentina en un avión. La operación, similar a otras incautaciones internacionales, resultó en un conflicto diplomático con el entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso. La oposición brasileña, liderada por el Partido de los Trabajadores, examinó rigurosamente al gobierno nacional por la participación de agentes argentinos que operaban sin el conocimiento de las autoridades locales. La operación se consideró exitosa desde una perspectiva operativa; sin embargo, implicó una violación de la soberanía de otro país. Aunque el incidente involucró a un ciudadano argentino en lugar de a un jefe de estado, estableció un precedente significativo: Argentina había llevado a cabo previamente una operación de inteligencia en el extranjero que implicaba el secuestro de una persona.

